Un largo camino por delante pt. 2

ADVERTENCIA: Estos capítulos serán difíciles de digerir.
"La oscuridad, con su cruel y decadente serpenteo, se ha vuelto mi sustento, mi alimento, mi aliento... y mi voz." A. B. Rémeny
Cuatro días después. Mitad del Xu Shi (7:00 - 9:00 p. m.). Posada "Primavera".
--- Mierda.
Gruñendo, Jiang Cheng se frotó los ojos con gestos secos y exasperados, el cansancio todavía haciendo que picaran como si tuviera arena en ellos.
--- Joven amo --- uno de sus sirvientes le saludó cuando dobló la esquina, otros tres resguardaban la habitación desde distintos puntos y distancias, asegurando que nadie se acercara a su sobrino mientras él no estuviera cerca. --- El general Nie le espera abajo, dijo que tenía que hablar con usted, pero no ha querido dar más detalles.
Sí, ya esperaba eso.
--- Que nadie los vea vigilar. --- No le apetecía explicar la habilidad de sus sirvientes, ni el incremento en el número de estos.
Ser cuestionado una vez por ello, era su límite.
--- Sí, joven amo.
Con un suspiro, cambió la dirección de sus pasos hacia la escalera de madera al fondo, esquivando a algunos de los huéspedes que también se alojaban en las habitaciones de la planta alta, incluida una mujer con dos niños, y una pareja de ancianos que le sonrieron cuando pasó.
Debido al mal clima para cosechar o vender artesanías, esta casa de campo funcionaba como posada provisional durante algunos meses para seguir obteniendo ingresos. Gracias al granero a poca distancia de la casa y a los establos grandes y en buen estado, era una de las estancias más populares para los viajeros con familias o doncellas que buscaban un lugar respetable y seguro para hospedarse por uno o dos días.
Ellos habían llegado a media tarde, optando por descansar hasta mañana al mediodía para evitar agotar a los caballos y esperar a los guardias que venían desde el imperio Song, para ayudar a custodiar al ministro. Cortesía de Nie Huaisang, quien de alguna manera que Jiang Cheng no quería meditar, se había enterado de lo ocurrido y "prestado un poco de apoyo a un aliado", según la carta que le envió directamente.
Ese imbécil solo seguía sorprendiéndolo de manera non grata cuanto más pasaban los años. Saber que su hijo menor estaba a merced de Jiang Cheng no parecía ser significativo y eso solo lo ponía en guardia.
No quería ni pensar en qué estaría tramando, pero debería investigar un poco llegando al imperio Song.
Por ahora, pasó del área del comedor, llena de gente charlando con platos en diferentes estados de consumo, hasta la siguiente sala, donde varios asientos largos y una chimenea, por ahora apagada, hacían de sala de descanso y reunión para los huéspedes.
Debido a la hora tardía, el lugar estaba casi vacío en su totalidad, exceptuando por dos soldados que bebían algo que no pudo identificar, y un grupo de comerciantes que trataban de obtener una sonrisa de la tímida joven que limpiaba los estantes.
Eran ruidosos, pero no lo suficiente para molestarlos.
--- Buenos días, erudito --- se burló el general, sentado con abandono y cuya sonrisa era demasiado parecida a la persona que más le desagradaba en este momento --- debería cambiarse si va a dormir, esa falta de etiqueta puede ser merecedora de castigo en algunas zonas del palacio. --- terminó, señalando su propia túnica.
Frunciendo el ceño mientras acomodaba correctamente la solapa derecha que estaba un poco torcida, se sentó frente al general, cuidadoso de tener tanto a las ventanas, como a las escaleras por las que bajó antes, a la vista.
Nadie subiría al piso donde su sobrino estaba, no sin que él se diera cuenta.
--- ¿El mocoso cenó? --- preguntó el general.
--- Su nombre es Jin Ling.
Nie DanFang sonrió con más amplitud ante el ofendido ceño del erudito, casi tan feroz como cortante su voz al responder.
--- No preguntaré si ya está dormido, porque creo que ya sé la respuesta.
Jiang Cheng no se molestó en responder.
Aun desde que era un bebé, cuando lloraba hasta que no le dejaban jugar con Suihua, su sobrino siempre había tenido un carácter obstinado y caprichoso. Crecer sin sus padres y con él y Meng Yao ocupados con sus deberes de líderes, había implicado que Jin Ling se educó bajo la supervisión de distintos adultos y sus prejuicios. Si a la ya inestable mezcla, agregabas la presión de ser el único de su línea de sangre para heredar la secta Jin y el rechazo de los jóvenes de su edad que lo creían privilegiado, daba como resultado un niño ruidoso, obstinado y con una tendencia a sobrerreaccionar emocionalmente en los momentos menos oportunos.
El problema era que ahora Jin Ling había renacido en un niño de no más de 5 años, con su mente demasiado inmadura para separar las intensas emociones del joven cultivador que fue y del niño que sufrió abandono y creció en las calles.
Cosa que Jiang Cheng no había comprendido hasta hace unas horas atrás, cuando llevó a su sobrino, ya bañado y bien alimentado, a la cama para dormir.
Su plan había sido hablar con sus sirvientes para lo que vendría, pero apenas se levantó del borde de la cama, su sobrino le había sostenido de la mano.
Jin Ling había querido que él también se recostara para dormir y cuando Jiang Cheng no solo se negó, sino que hizo ademán de caminar detrás de la mampara que dividía el cuarto, su sobrino se había levantado y gritado.
<< ¡Hora de dormir, jiujiu también debe dormir! >>
Para terminar pronto con la discusión, dijo que dormiría en otro cuarto... pero no solo no convenció a su sobrino, sino que este agarró uno de los almohadones y sin importarle las consecuencias, lo había arrojado a la cara de Jiang Cheng.
<< -- ¡Tú, pequeño..!
-- ¡Jiujiu dijo que era hora de dormir!
El pequeño y despeinado niño le miraba con sus pequeños puños aferrados a su propia ropa, su expresión arrugada y un enorme puchero torciendo su boca.
-- Y yo ya te dije que dormiré en otra habitación.
-- ¡No quiero!
-- Jin Ling.
-- ¡No!
Jiang Cheng se cruzó de brazos.
-- Es mi última advertencia, mocoso.>>
Se habían quedado mirándose en una lucha de voluntades, hasta que la ya lamentable expresión de A-Ling se intensificó, su barbilla temblando y sus ojos brillando hasta que las lágrimas desbordaron.
Solo una, su sobrino solo esperó hasta que la primer lágrima cayó, para soltar un llanto estruendoso, dejándose caer sentado sobre la cama y llamándolo a voz de grito. Su sobrino no se dejó caer por completo, ni dio patadas y manotazos al aire como otros niños.
Jamás lo hacía.
Cuando su sobrino lloraba, lo hacía siempre con la misma profunda tristeza, llevando sus manos al rostro y cerrando sus manos en puños apretados, como si algo en él doliera muy profundamente.
Y era algo que Jiang Cheng jamás pudo encarar, sin importad la edad del chico.
Así que con una maldición contenida, Jiang Cheng se había acercado y se dejó caer en la cama sobre su costado derecho, dejando la almohada, que su sobrino le arrojó antes, a su lado.
No es que su sobrino no le creyera, había comprendido, sino que lo que quería era que él durmiera a su lado.
Y acertó, el llanto ensordecedor se había detenido cuando lo vio acostarse.
<< -- Ya entendí, ahora duérmete.
Todavía hipando, Jin Ling lo miró por un largo rato, limpiando su cara con sus puños temblorosos.
-- ¿J-jiu jiu dormirá conmigo?
Jiang Cheng seguía con los brazos cruzados, cansado y ya esperando a que alguien viniera a tocar para averiguar la razón del escándalo.
-- Si no te acuestas, Jin Ling, me voy.
Gateando y con su llanto intensificándose un poco, el niño llegó a su lado, jalando sus brazos para que los descruzara.
-- No. No quiero.
No quería que se fuera.
Cediendo ante una fuerza que apenas era discernible, Jiang Cheng hizo lo que su sobrino quería, abriendo los brazos. Sin perder tiempo y con sus lágrimas cayendo sin fin, su sobrino se acurrucó contra el pecho de su tío, encogiéndose hasta que aquellos brazos lo rodearon en un abrazo algo tenso, pero que para Jin Ling era el mejor que existía.
Ningún lugar en el mundo era tan seguro. Si a Jin Ling le daba miedo jiu jiu, también al mundo le daría miedo acercase. Así que nadie le podía lastimar mientras su tío lo abrazaba. Estaba a salvo.
Todavía haciendo pequeños sonidos de llanto, Jin Ling cerró sus ojos y se sostuvo de la túnica de su tío Jiang, el profundo aroma en las telas reconfortándolo y arrullándolo hasta que el sueño comenzó a envolverlo.
Jiang Cheng sostuvo a su sobrino con una expresión complicada, cubriéndolos con la manta para evitar que le mocoso pasara frío.
-- Ya deja de llorar -- ordenó, acariciando la pequeña espalda a pesar del filo de sus palabras. --y duérmete.
Con un pequeño sollozo, el niño se acercó más, si eso era posible, hasta que su pequeña figura casi desapareció entre su cuerpo y la manta.
Jiang Cheng solo suspiró con exasperación, pero no repitió la orden. Por experiencia, sabía que tomaría un largo tiempo hasta que el casi silencioso llanto terminara, así que solo se acomodó mejor y reunió la paciencia que necesitaría por los próximos minutos. >>
Entre la calidez de las ropas de cama y la certeza de que su sobrino estaba seguro, Jiang Cheng se había quedado dormido por casi cuatro horas completas sin siquiera notarlo.
Y no fue sin motivo.
Jiang Cheng lo había meditado mucho y al final, en una arriesgada decisión, había filtrado la noticia de una supuesta confesión del ministro, sobre la identidad de Xue Ye y su participación en todo esto. Sabía que pondría a Bai Huanghuo en un frenesí violento que la haría buscar a la primer pieza que pudiera eliminar para tratar de intimidar al rey negro.
Su imagen como el erudito Shao, se convertiría en un peón que tentaría a su verdugo a atacarlo. Eso cambiaría su propia posición no como un activo, sino como un sacrificio que buscaba atraer a sus enemigos fuera de las sombras.*
Por desgracia, después de haber cuidado del emperador toda una noche y a la espera del ataque de Hong BaiHe, que sabía, vendría después de que a noticia llegara a ella, el tiempo de descanso del antiguo líder de secta se había reducido al mínimo.
Así que su cuerpo tomó la primer oportunidad que encontró.
Jiang Cheng despertó solo cuando las pesadillas de su hermana llorando desconsolada y de Jin ZiXuan mirándolo acusador, comenzaron a acosarlo.
Claro que no explicaría nada al infantil general que trataba de fastidiarlo, en su lugar, acomodó mejor su ropa que estaba más que arrugada.
Eso le pasaba por poner como prioridad el levantarse sin despertar a su sobrino, en lugar cambiar sus arruinadas túnicas.
--- Tengo noticias de la capital --- dijo cuando terminó, prefiriendo entrar en materia en lugar de continuar con este absurdo sobre vanidad.
Nie DanFang no cambió su postura relajada, pero su mente se despabiló ante la posibilidad de nueva información... aunque esta viniera de este hombre.
Era reticente a admitirlo, pero el erudito comenzaba a parecer distinto a sus ojos, en especial después de cada conversación que tuvieron a lo largo de los últimos días. No le sorprendió tanto el notarlo frío y mordaz apenas salieron del palacio, era algo común en la gran mayoría de ellos.
Ya que el palacio exigía cierto protocolo de secretismo y sutil amenaza, que el comportamiento de la gente cambiara apenas salian, era casi una regla no escrita.
Y acostumbrado como estaba a tratar con los hijos de familias poderosas, esperó ver a un joven mimado y confiado en tener el favor de dos emperadores.
Sin embargo, no pudo estar más equivocado. Después de que casi le cortara la cara al despertarlo, el erudito que siguió hablando con él parecía mayor de sus veinte y usaba palabras propias de una madurez casi amarga.
Creyó que con los días descifraría a Shao JiangCheng, pero en su lugar, se sentía más desconcertado. El erudito jamás hizo alarde de sus conexiones en ambas cortes y cuando Nie DanFang trató de provocarlo con el tema, el otro solo le miraba con extrañeza y fastidio, como si fuera un factor irrelevante.
¿De verdad olvidaba que su majestad, Yun LanHuan, tenía poder sobre una nación entera, y que su palabra y voluntad era absoluta? ¿Qué esa persona le había dado su aprobación y al parecer, le respaldaba?
¡¿Qué clase de noble seguía actuando como si su propio, y diminuto en comparativa, poder como noble de rango medio, fuera lo único a su disposición?!
Esta persona era tan confusa que lo exasperaba.
--- Es sobre los funcionarios. --- respondió, en lo absoluto preocupado de demostrar cuanto sabía. --- supe que quitaron a su gente de cualquier lugar o negocio que pudiera ser vinculado al primer ministro.
Jiang Cheng no iba a preguntar cómo lo averiguó porque no tenía interés. Los generales imperiales no mantenían sus rangos solo por sus linajes nobles o sus habilidades de combate.
Dentro de una corte imperial, Jiang Cheng pronto aprendió, las conexiones e influencias que pusieras sobre la mesa eran tu mejor activo. Y por experiencia sabía que no había nadie mejor para crear redes completas de información, que Nie Huaisang. Redes a la que seguro sus hijos recurrían con frecuencia.
Pero el antiguo líder Nie no era el único que podía espiar más de un territorio al mismo tiempo.
--- No es todo. Las tropas en el norte han comenzado a movilizarse, han reunido a casi el doble de gente que la última vez --- Jiang Cheng se sintió satisfecho cuando la sorpresa coloreó por un breve segundo la expresión altanera del otro --- no será fácil saber si ambas cosas están relacionadas.
--- Quien le informó debió entender mal. Es imposible que ya hayan formado un nuevo ejército cuando hace pocos meses que su majestad combatió contra ellos.
Bueno, durante la guerra contra el clan Wen, Jiang Cheng había reunido suficientes cultivadores en menos tiempo aún, y él había sido apenas un joven no mayor a la mayoría de los aprendices de las sectas en aquel entonces.
Duplicar números no sería difícil para Bai Huanghou.
--- No olvide que ellos no están solos, general. Según su propio conteo, hay al menos tres centenares de soldados del norte ocultos a lo largo del imperio Yun. Eso ya es suficiente para inducir un golpe de estado si se habla con la persona correcta.
--- O podría ser una hábil mentira dicha para distraerme de mis sospechas hacia usted.
El erudito se encogió de hombros con arrogancia, mirando por un segundo a la pareja joven que subía al segundo piso. La hora de la cena casi había terminado y muchos huéspedes se preparaban para irse a la cama.
--- Es posible, --- Jiang Cheng sonrió un poco. --- pero no cuenta con el tiempo ni el personal necesario para averiguarlo.
Nie DanFang apretó los dientes. Sí, obtener una confirmación por parte de los soldados que le eran leales, requeriría un tiempo que no tenía.
¿De verdad, qué demonios ocurría con este noble? ¿Cuáles eran sus intenciones?
Y porque la verdad suele ser más difícil de creer que las mentiras, el general no podría responder su propia pregunta mientras sus sospechas fueran tan sólidas.
Y es que Jiang Cheng no estaba buscando ocultar la verdad ni de disfrazarla.
A lo largo de los últimos meses, más específicamente cuando el emperador decidió involucrarse, Jiang Cheng había comprendido que si bien sus peones podían ser movidos sin necesidad de saber nada más que su próxima orden, debido a que sus piezas más fuertes lo superaban en rango, estos requerían de un mayor compromiso de su parte.
Los cuatro generales y el emperador al que servían.
Ninguno actuaría sin tener un motivo válido. Mentir era una estrategia poco razonable y no solo porque no tenía los recursos necesarios para mantener los engaños, sino porque ser descubierto a la mitad de un enfrentamiento podía ser el final de su venganza. Si perdía ese apoyo, implicaría luchar él solo contra Hong BaiHe y casi toda su gente.
Perdería antes de empezar.
Así que lo único que podía usar Jiang Cheng era la verdad y las pruebas que había reunido en el último año, ocultar solo aquello que recordara la pesadilla vivida en el pasado y contener sus palabras lo necesario para evitar ser interrogado.
Hanguang-jun tenía su memoria intacta así que no fue necesaria tanta premeditación en sus acciones. Y si bien el emperador forzó a Jiang Cheng a confesar, lo que sea que le ocurriese a la memoria de Yun LanHuan, ayudó lo suficiente para que el emperador mostrase una inexplicable y ciega confianza en él.
Nie DanFang no existió en su vida anterior y no buscaba creerle, pero Jiang Cheng se sentía íntimamente familiarizado con la debilidad del general: Nie XianYan.
La hermana menor del general era su adoración, y su sola mención, junto a las insinuaciones de que podía estar a poco de casarse con la persona equivocada, había bastado para que el general se mostrara dispuesto a escuchar.
Por supuesto, Jiang Cheng había sido cuidadoso de no decir demasiado, no porque no pudiera sino porque el general no creería ni actuaría solo por sus palabras, pero era un buen primer paso. Ser honesto con lo que sabía y franco con sus siguientes acciones, había hecho a ambos jades ceder a su liderazgo. Si tenía la suficiente paciencia, podría conseguir lo mismo con el resto de sus piezas, incluido el general.
Claro que saber que el éxito de su plan dependía del incierto carácter de Nie Huaisang, no lo tenía particularmente tranquilo, pero se preocuparía de ello después.
Por ahora, su silencio se vio recompensado cuando el general asintió reticente.
--- Bueno, en eso tiene razón --- se resignó el general con falsa ligereza --- pero si la información sobre los funcionarios es cierta, el primer ministro perderá su influencia en al menos cuatro provincias. No importa si se están retirando para apoyar al ejército en el norte o para planear un golpe de estado, tenerlos fuera podría ser usado a favor de su majestad.
Jiang Cheng no le llevó la contraría, porque independientemente de los beneficios que el imperio Yun podría sacar de ello, el general tenía razón en algo. Menos poder del primer ministro en la capital, era un mayor control del juego en esa sección del territorio.*
--- Lo mejor será informarle al ministro --- Nie DanFang sonrió con deleite. Le gustaba mucho la idea de alterar al bastardo de Su Min --- decirle lo bien que sus aliados se han portado y lo rápido que sigue perdiendo poder.
--- Decirle no cambiará nada y no podemos obtener información nueva con ello.
--- Y como dije, mi intensión no es más que la de reírme del pobre bastardo un rato, que si bien merecido lo tiene. -- Nie DanFang le hizo una señal a la joven para que les llevara algo de comer y de paso, librarla de las atenciones indeseadas del ruidoso grupo de admiradores. Se movieron para sentarse en la discreta mesa cerca del lateral de la puerta --- No tiene sentido del humor, erudito, ¿cómo puede vivir así?
<<Vamos Shidi, no seas tan serio, diviértete>>
Jiang Cheng se cruzó de brazos.
--- Reír no evitará que me maten. --- Jiang Cheng siguió vigilando a cada huésped que salía de la posada o que subía a las habitaciones, el improvisado comedor ahora casi vacío. --- Ni a ti.
Eso último desconcertó a Nie DanFang. Era un general de alto rango, así que las amenazas de muerte eran parte del trabajo.
¿Pero por qué incluirse?
Hasta donde Nie DanFang sabía, el erudito no tenía una postura política específica. En cuanto apoyara a una facción, la otra se volvería su enemiga, y ahí, tendría sentido. Pero ya que eso no parecía haber pasado aún, aquella aseveración parecía exagerada.
--- Supongo que se refiere a aquella persona que controla al ministro.
--- No. Hablo de quienes siguen sus órdenes sin dudar.
Nie DanFang rio un poco, apartando sus manos de la mesa cuando las dos hijas del dueño de la granja entraron con los platos de la cena. Un poco de vegetales y encurtidos y muchos platillos con carne.
Ese hombre sí que sabía cómo leer los gustos de sus huéspedes.
Tomó sus cubiertos y cortó el grueso filete antes de hablar.
--- Si esta persona no es un peligro sola, sus seguidores tampoco lo serán.
El erudito le dio una mirada llena de frialdad que le hizo detener con el bocado a la mitad del camino. El hombre de nuevo daba la impresión de alguien mucho mayor.
--- Creo que el general es muy consciente de que las personas verdaderamente peligrosas no buscan dinero ni se las puede dominar por la fuerza. La mayoría de ellas no está en el mejor lado de la ley, así que capturarlas tampoco es sencillo.
--- ¿Insinúa algo?
El erudito tomó sus propios cubiertos, cortando con pulcritud un bocado de su propia cena.
--- No necesito insinuar nada. Es bien conocida la nula fuerza física del comandante Nie y su, por el contrario, alto rango en el ejército.
Nie DanFang dio su bocado con brusquedad, mordiendo un poco el tenedor en el proceso. Había perdido la cuenta de la cantidad de veces en que le habían echado en cara los métodos cuestionables de su padre. Pero era la primera vez que lo hacía alguien tan joven y con tanta franqueza.
--- Me sorprende que el erudito sepa tanto --- tragó la comida en su boca antes de ir por el siguiente haciendo mucho ruido. Obtuvo una infantil satisfacción ante el desagrado del erudito, feliz de sacrificar las buenas formas a cambio de devolver el golpe recibido.
--- El comandante Nie ha sido discreto, demasiado, en particular durante las guerras del Este.
Jiang Cheng era quizá, una de las personas que mejor conocía la verdadera naturaleza de Nie Huaisang, así que cuando leía los registros sobre cada "conveniente infortunio" que detenía al enemigo antes de que el ejército de Nie Huaisang pusiera siquiera un pie en el campo de batalla, y sin mencionar la forma casi limpia en que su familia había escalado en posición aun en medio del caos que fue combinar las cortes de Shao XingChen y Song Lan, Jiang Cheng comprendió no solo que el coronel Nie era ese Nie, sino que tenía su memoria intacta.
Nie DanFang eructó antes de responder, sonriendo por el movimiento en la mejilla del erudito. Seguro le arrojaría algo a la cabeza si se atrevía a morder de nuevo sus cubiertos o a tirar algo al borde del plato.
--- Casi suena como si hubiera estado ahí.
--- Sé leer. --- Fue la seca respuesta.
--- Oh, es cierto, el trabajo de los eruditos es leer --- Nie DanFang se sirvió un poco más de vino, limpiando su boca y cortando el siguiente bocado más pequeño. Su rabieta terminada una vez alcanzado su objetivo --- con sus habilidades de combate, había olvidado su título oficial, mis disculpas.
Jiang Cheng lo ignoró, aunque todavía entornó los ojos cuando vio lo rápido que el general cambió de masticar con la boca abierta, a dar pequeños bocados y limpiar constantemente su boca y manos.
Siguieron comiendo en silencio, mientras el lugar quedaba más y más vacío de civiles. La mayoría de la cena fue consumida por el general y sus soldados, Jiang Cheng apenas podía pasar la condimentada carne y vegetales, pero se forzó a consumir al menos una porción decente de alimento.
Aún quedaban dos días más de viaje, necesitaba comer para mantenerse alerta.
El sonido de mesas siendo levantadas y el leve rasgar de la escoba se escuchaban en el comedor cuando ellos terminaron. Era tarde e incluso aquel grupo de la esquina ya se había retirado, cuando el hijo más joven de la familia les dejó una bandeja con algo de té, licor y algunos bocadillos dulces.
--- Ya hemos cerrado la cocina, así que ya no habrá servicio de comida --- dijo con una sonrisa pequeña y un ligero sonrojo en su casi infantil rostro. Estar ante nobles y soldados de alto rango no era común en su pequeña granja. Se sentía emocionado. --- pero pueden quedarse aquí y tocar la campanilla si necesitan algo.
Agradeciendo con un gesto las monedas que le dieron por atenderlos, el chico salió en dirección a un estrecho pasillo bajo las escaleras, cerrando a sus espaldas lo que suponían, era la zona donde la familia principal dormía.
Jiang Cheng se sirvió solo té y aunque por norma no rechazaría un poco de licor, con sus experiencias previas, evitarlo por un tiempo parecía una buena idea. Nie DanFang no tenía tales reparos, así que se sirvió hasta el borde de la copa.
--- Vayan a vigilar al ministro, --- ordenó Nie DanFang sin siquiera mirar a sus subordinados --- mismas órdenes, nadie entra, nadie sale de la habitación.
--- Sí, general.
Desde que habían partido, los soldados se habían turnado de dos en dos para vigilar al ministro en todo momento, asegurándose de mantener a Su Min completamente incomunicado del mundo exterior. No solo se le negó algún sirviente, no podía salir del carruaje más que para atender sus necesidades y jamás iba solo.
Incluso si había que acampar, se le mantenía dentro del carruaje y ahora, dentro de la posada, se habían alquilado las dos habitaciones conjuntas y se las mantenía vacías, para evitar que tratara de hablar con otro huésped.
Por ser un noble no se le podía encadenar o amordazar, pero Jiang Cheng admitía la habilidad de Nie DanFang para lograr el mismo efecto con un mínimo de personal.
Mañana llegarían más soldados pero hasta entonces, el general Nie se aseguraba de mantener un estricto control de su gente.
Y hablando de su peculiar y desagradable problema...
--- El ministro sigue negándose a hablar --- Nie DanFang se tomó de un trago su copa, haciendo una mueca ante el fuerte sabor del licor. No imaginó que tendrían un producto de tan alta calidad en este lugar, pero lo agradecía --- Ni sobre las armas ni sobre los soldados que ayudó a ocultar.
--- Y no lo hará, no mientras crea que puede presionar lo suficiente a su majestad Song Lan para obtener un indulto.
--- Ese imbécil, ¿de verdad cree que podrá con todas las pruebas en su contra?
Jiang Cheng bebió un poco del té para limpiar su paladar de las especias que había tenido su cena, el fragante aroma aliviando su incomodidad casi de inmediato.
--- Las pruebas son del imperio Yun y su majestad ya ha impuesto un castigo. Su majestad Song puede empatizar con ello, pero nada lo obliga a tomar acciones propias mientras no afecte a su propio territorio.
--- ¿Es broma, cierto?
Los crímenes cometidos por el ministro habían sido motivo de indignación y vergüenza para la corte del imperio por un largo tiempo. Fuera por codicia ante un dinero que no estaba llegando a los funcionarios y ministros corruptos, o por simple empatía humana ante la cruda violencia que describían las numerosas denuncias de los pobladores; nadie en el palacio hablaba del tema sin maldecir al culpable.
Ahora que lo tenían, la sola posibilidad de que fuera liberado lo alteraba como nada.
Jiang Cheng por otro lado, se mantuvo tranquilo. Había meditado todo lo ocurrido con mucho cuidado, revisando una y otra vez lo que Nie DanFang había reunido, junto a lo que él mismo logró descubrir.
Irónicamente, quien más le había ayudado fue la señora Li. Por algún incidente del pasado que la anciana costurera no quiso explicar, la mujer sabía las formas más comunes en que los nobles de alto rango solían evadir su responsabilidad en diversos crímenes. Gracias a ella, ahora tenía una lista completa de nombres y lugares para usar a su favor.
--- No lo es --- remarcó, abriendo un poco su túnica cuando el calor del pequeño cuarto se volvió incómodo. El grosor de las túnicas había sido perfecto cuando acamparon, pero ahora que estaban en un espacio cerrado y protegido, eran excesivas --- que sean aliados no los hace un único poder. Así que, llegando a la capital, se deben reunir pruebas propias.
Nie DanFang bebió su tercer copa, comiendo de un mordisco una nuez, como si imaginara arrancar la cabeza de quien le hubiera hecho enojar.
--- Me tomó meses reunir esa información y según las leyes en el imperio Song, el juicio se celebrará en solo tres días a partir de nuestra audiencia con el emperador. Y no, no podemos retrasarla.
--- No iba a sugerirlo --- Jiang Cheng pensó en usar la campanilla para pedir una bebida un poco más fría y menos dulce, el calor del té solo estaba volviendo peor la sensación de la pesada y arrugada túnica. Lo descartó como absurdo. Su ropa y su bebida no deberían de estarlo distrayendo --- Tengo lo necesario y lo presentaré a tiempo, pero necesito...
--- Así que esta diciendo que tiene pruebas contra el ministro, pero que solo hasta ahora las va a usar. --- Nie DanFang sonrió con sarcasmo --- que conveniente resulta eso.
Jiang Cheng maldijo por dentro.
Confianza.
Debía centrarse en obtener la confianza del general, no en golpearlo por esa tendencia de sospechar de él y atacarlo, en lugar de pensar en las respuestas por cuenta propia.
¿De los únicos rasgos destacables de Nie Huaisang y este mocoso no lo había heredado ni aprendido?
--- Es conveniente porque ahora el ministro esta perdiendo apoyo dentro de la corte. Para cuando lleguemos, todos sabrán sobre su sentencia en el imperio Yun, y sin tantos nobles de alto rango ayudándolo a cubrir sus crímenes, llevar testigos y amenazar a funcionarios corruptos a confesar será mucho más sencillo.
Jiang Cheng frunció el ceño cuando el general hizo un sonido gutural en lugar de responder.
Sintiendo que algo no iba bien con la repentina hostilidad, observó con más cuidado.
Nie DanFang estaba casi recostado en su asiento, sus hombros caían con pereza y parpadeaba con lentitud. No solo eso, el lugar estaba demasiado silencioso, no se podía escuchar ni siquiera los llantos comunes de los niños negándose a dormir o el repiquetear del bastón de aquel anciano que había salido a pedir un poco de agua.
¡Maldición!
--- Ya no bebas --- Jiang Cheng trató de detener la copa que ya se dirigía a la boca del general, solo para descubrir que sus propias manos temblaban. De hecho, no eran solo sus manos, su cuerpo se sentía adormecido, como si miles de hormigas corrieran dentro de sus venas.
--- ¿Qué..? --- el general debió notar algo en su expresión, porque de inmediato dejó caer la copa sobre la mesa sin importarle derramar su contenido. --- ¡Joder! ¿es veneno?
Jiang Cheng negó con la cabeza, sintiendo que el mundo se tambaleaba ante el pequeño gesto. Su respiración comenzaba a entrar forzosa por su garganta y aquel calor que antes le incomodó, aumentó hasta sentir como si ardiera en fiebre.
No era veneno, gracias a su propia locura de usar las técnicas de cultivo que no detuvo ni siquiera después todos estos meses, Jiang Cheng reconocía los efectos de la mayoría de ellos.
Esto era algo más.
--- ¿Cómo carajo..? --- el general se tambaleó cuando trató de levantarse, sus palabras balbuceantes. Miraba hacia la puerta, ira e incredulidad coloreando su expresión--- ¿C-cuándo..?
Pálido, llevo una mano a su boca como si quisiera contenerse de vomitar, trató de sostenerse pero su mano resbaló por el borde de la mesa, sus ojos se desenfocaron y solo pudo balbucear algo antes de que cayera al suelo con un golpe seco.
Jiang Cheng también se había levantado, tratando de mirar lo que sea que había llamado la atención del general... y desnudando los dientes en una mueca agresiva en cuanto se giró.
Dentro del vacío comedor y sala principal del edificio, había al menos diez personas anónimas con armas sostenidas en las manos. Frente al silencioso grupo, el único cuyo rostro era visible, un alto y fornido hombre le miraba con frío enfoque. Su larga cicatriz en el lateral del rostro deformaba un poco la línea de la mandíbula y la pequeña protuberancia en la nariz, que señalaba que en algún momento fue rota, no demeritaban en lo más mínimo un rostro de severo atractivo. Uno que perseguía a Jiang Cheng en pesadillas.
Yue Lan.
El amante de Hong BaiHe estaba justo en la puerta de la pequeña sala.
--- ¡Tú, bastardo!
Yue Lan se notó un poco desconcertado, pero su voz siguió siendo aquel tono bajo y casi aburrido de siempre.
--- ¿Me conoces?
Jiang Cheng soltó una risa corta mientras retrocedía un par de pasos. Si bien su primer impulso fue ir tras la garganta del imbécil, su propia disciplina como cultivador lo detuvo.
Zidian estaba junto a su sobrino para protegerlo y ya que no tenía a Sandu con él, había escondido un par de armas en el perímetro de la propiedad apenas llegaron. Si pudiera salir por la larga ventana lateral, encontraría una diminuta bomba de humo que le permitiría combatir con las dos dagas que guardaba entre su ropa.
No atacaría sin ventaja, no contra diez hombres y menos con el somnífero que corría por su cuerpo y lo hacía sentir cada vez más débil.
--- Es imposible no reconocer esa repugnante cicatriz.
Puso tanto desprecio como pudo, retrocediendo otro paso. Su vista se estaba desenfocando a ratos, volviéndose a enfocar con una agudeza dolorosa, para luego fluctuar de manera extraña.
Tragó desconcertado.
Ningún somnífero tenía ese efecto ni producía calor.
Pero si no le habían suministrado lo mismo que al general Nie, ¿entonces qué demonios había consumido?
--- Busquen al ministro, --- dijo Yue Lan en lugar de responder a la provocación --- y busquen por más armas y trucos que hayan dejado.
Sin responder más que con un gesto, las personas se dispersaron al exterior y escaleras arriba.
Bien, eso descartaba su intensión de salir por la ventana, dejándole una única salida. Comprendiendo que debía actuar antes de que los efectos se intensificaran, Jiang Cheng se abalanzó contra Yue Lan, levantando su puño con la intensión de dejarlo inconsciente al primer golpe.
--- Tonto.
Torciendo su brazo de forma dolorosa, Jiang Cheng fue repelido con excesiva facilidad. Un segundo golpe en el pecho lo arrojó contra el respaldo de uno de los asientos, el impacto sacándole un sonido ahogado cuando se quedó sin aire por un momento.
Se enderezó, sosteniendo su pecho para tratar de amortiguar las punzadas. Furioso, parpadeó hasta que pudo enfocar a su contrincante.
Yue Lan por su parte, no se mostró jactancioso, pero de alguna manera a Jiang Cheng le pareció que el hombre se burlaba cuando levantó un pequeño saco, las dos bombas de humo colgando inofensivas de su mano y el brillo de una punta afilada que atravesó la tela, señalando lo que había en el interior.
Sus armas ocultas, todas ellas.
Jiang Cheng perdió la fuerza en sus piernas justo en ese momento, cayendo sobre su trasero con una sucia maldición saliendo entre dientes. No solo habían descubierto su treta y dejado indefenso, sino que lo que sea que le habían dado, le estaba afectando más rápido que nada que conociera antes.
El calor era opresivo y su cuerpo no lograba coordinar más allá de una extremidad por vez, pero su sentido del dolor estaba extrañamente intacto, podía sentir el dolor de los golpes y su caída.
Calor opresivo. Debilidad. Sentidos hipersensibilizados.
Quería creer que se equivocaba, pero tenía un muy mal presentimiento de qué le podrían haber suministrado. Lo único que no entendía era por qué.
La respuesta, entendería después, no era algo que debiere pedir.
Mientras Jiang Cheng lidiaba con los efectos, un hombre vestido impecablemente bajaba las escaleras, su rostro burlón y su cabello adornado con lujo hablaban de su desagradable personalidad.
--- Vaya que han tardado --- el primer ministro, arrogante como siempre, entró a la sala con una mueca de desaprobación al ver a Yue Lan, misma que cambió a una sonrisa cuando vio al erudito en el suelo, tratando de mantenerse erguido y mirando al suelo mientras jadeaba --- creí que no llegarían nunca.
--- No se supone que fueras arrestado en primer lugar.
El ministro dijo algo más que sonó ofensivo, pero Jiang Cheng apenas pudo entender palabras al azar, como si hubieran comenzado a hablar en un idioma extranjero aunque sabía que no era así.
Bajé la guardia.
Debió sospechar que habían contaminado la comida desde el momento en que sus pensamientos comenzaron a divagar. O mejor aún, cuando comenzó a sentir un calor que antes no había estado ahí y que ahora que lo reflexionaba, no había tenido sentido.
Pero no lo hizo y ahora estaba en una maldita situación desesperada. No solo estaba indefenso y más vulnerable por momentos, sino que los soldados debían estar incapacitados si el ministro estaba aquí y sus propios sirvientes estaban cuidando de su sobrino, aun si se dieran cuenta, no podrían combatir contra tantas personas ellos solos y darle algún antídoto.
Frustrado, apretó los puños mientras su mente trataba frenética de encontrar una salida.
La subestimé.
Cuidadosa de siempre permanecer en las sombras, Jiang Cheng jamás esperó que Hong BaiHe movilizaría a su maldita torre para atacarlo. Era un movimiento muy arriesgado y al parecer estaba funcionando, porque maldición si habría podido preverlo.
Yue Lan había sido muy cuidadoso con esta emboscada y él había caído sin siquiera darse cuenta.
--- Huéspedes... dormidos por las drog...
--- El piso superior...
Comprendiendo un poco de la conversación, Jiang Cheng se obligó a no mirar escaleras arriba, donde su sobrino dormía sin saber nada. Bai Huanghuo no sabía del niño, pero mostrarse ansioso podía ponerlo en riesgo.
Lo que debía tenerle entretenido ahora, era como demonios iba a salir de ahí vivo.
--- Y yo ya he dicho que no me iré hasta tener mi premio.
Yue Lan cambio el peso de su cuerpo al otro pie.
--- Puedes reclamarlo después.
--- No cuando sé que tratarán de matarme apenas salgamos de aquí --- el ministro sonrió cuando vio que había acertado. Hong BaiHe podía ser muy predecible cuando las cosas no salían como ella quería. --- pero no podrás hacerlo por que sabes que soy la única persona que conoce la identidad del rey negro.
--- Forzarte no sería difícil.
-- De nuevo te equivocas, mi viejo amigo --- el ministro miró de nuevo al interior del cuarto, su sonrisa cada vez más lasciva --- solo una probada y te diré lo que quieras saber. --- el ministro vio lo cerca que estaba Yue Lan de llevarlo a la fuerza, así que le recordó porque seguía escuchándolo --- No lo olvides, solo cuatro días.
Yue Lan se detuvo. Aquella no era una amenaza vacía, conocía al hombre lo suficiente para saber que cuando se trataba de acuerdos, no exageraba. Si decía que existía un registro y que este sería entregado a Song Lan dentro de cuatro días a menos que él en persona ordenara lo contrario, es que así era. Y seguro contaba con algún mensaje clave para que se entregaran los registros si era forzado o torturado para obligarlo, el muy bastardo.
Con una leve mueca de compasión por el erudito, misma que se esfumó pronto, dio media vuelta. Debían estar lejos de aquí para cumplir las órdenes de BaiHe y sería mucho más fácil, si el ministro iba de buena gana.
--- Que sea rápido --- amenazó antes de cerrar las puertas dobles con un sonido seco.
Cuando decidiera que era hora, entraría y se llevaría a ambos hasta la vieja carreta que les esperaba.
-
-
Arqueó una ceja con burla justo antes de que las puertas se cerraran, muy consciente de que Yue Lan detestaba cuando le obligaba a ceder a sus caprichos. Pero esta era una oportunidad que no iba a desaprovechar.
Por fin solo con su escurridiza presa, el ministro relamió sus labios con lujuria. Había esperado esto con tanta paciencia, saberlo le había permitido pasar a través de estos días tortuosos, entreteniéndose con cada vívida fantasía mientras veía al erudito caminar en los campos a lo largo del viaje.
<<Que sea rápido>>
--- Oh, lo será --- murmuró Su Min. --- Seguro que sí.
Se quitó el enjoyado cinturón y lo dejó colgando del picaporte, antes de caminar a paso lento hasta su nuevo juguete.
Mientras tanto, Jiang Cheng apoyó sus manos contra la suave alfombra bajo sus dedos, tratando de respirar a través del calor que lo paralizaba. Mordió su labio hasta sacar sangre para contener el endurecimiento progresivo de su miembro, arrastrando sus piernas un poco más, retrocediendo otro palmo hacia la chimenea.
Tragó nervioso y quizá, un poco asustado ahora que sabía qué exactamente había tomado antes.
Un afrodisiaco.
Lo que le habían dado era un afrodisiaco y solo podía existir un motivo para usarlos.
Si solo pudiera llegar hasta las cenizas, podría forzar a su cuerpo a expulsar parte de la droga.*
Si solo...
--- Buenas noches, erudito Shao.
.
.
.
(ADVERTENCIA:
A partir de este punto, comienza una escena no apta para lectores sensibles.
Si eres uno de ellos, por favor continua hasta el capítulo marcado con ******** en el título.
que es la versión censurada.)

